Comienzo a escribir mientras escucho el O.S.T del filme, no se adonde llegarán mis palabras, sólo plasmo mis pensamientos.
Durante 45 minutos nadie sabe que ocurre en la pantalla, un compendio de imágenes aparece una tras otra confundiéndome a su paso, estupefacto quedo al descubrir la narrativa no-lineal ya típica de Iñárritu, el sello de la casa para esta, su segunda entrega y a mí parecer, su obra maestra. Tres meollos distintos, 3 universos alternos, todos ellos circundando en un solo limbo vacuo. Ese vacío se llena con cada historia, cada momentum devela el camino, nos da pistas, claves para resolver el acertijo, la maraña desaparece con el transcurrir silencioso del tiempo. Pareciera que somos el 4to protagonista, nos corresponde atar los cabos sueltos, armar el rompecabezas antes del fin, jugamos contra el reloj, somos participes de este menjunje artístico. Tres vidas convergen suaves, sutil y harmoniosamente al final del camino andado; un desahuciado, una viuda y el asesino. La película no es sólo eso, es más bien una reflexión, una tesis provocadora, una cátedra instruida por Alejandro. ¿qué propone?, no lo sé bien, pero creo firmemente en la redención de los tres peones, el destino aparece y se jacta de su mera existencia…¿21 gramos? ¿Acaso los perdemos al morir? Interesante resulta la propuesta fílmica de manera no-convencional, lo cual, en sí misma ya es novedoso. Es una aventura al charco inmundo también llamado vida humana, muestra las fragilidades y fortalezas de los hombres. El Dios y cerdo viven, pesan sólo 21 gramos y vemos esa dualidad cada vez que nos miramos en un espejo, tal vez ese sea el motivo de nuestra interacción con el filme.
El 2do largometraje del negro, es simplemente fantástica, su obra maestra es entregada y logra ser inmortal. Conjuga una serie de elementos que hacen de su 2da entrega una película memorable. La historia por sí misma es brutal, trágica, llena de esperanza y redención; temas centrales en la ideología de Iñárritu. Las actuaciones son espléndidas, dignas de aureolas, Sean Penn, Benicio del Toro y Naomi Watts son los cocheros en este maravilloso viaje lleno de emociones y sentimientos, reflexiones y pensamiento, un acertijo para el cual conocemos las respuestas. Nos conducen al centro de nosotros mismos. La trama es cruel, temeraria y amorosa al mismo tiempo, justo como nosotros, el cerdo-Dios, aquel que se ama y se autodestruye, juez y acusado. Alejandro acusa y ensalza nuestras virtudes, lo hace de manera fenomenal creando una atmósfera amable y armoniosa; las actuaciones, la trama y la música. El score es piedra angular para esta creación artística, fluye y confluye, da vida. Estos 3 elementos son necesarios entre sí.
El resultado final es una la obra de arte, no más. Un director que ha madurado, propositivo con una tesis que argumentar. El rompecabezas ha sido terminado y el resultado es un viaje sensorial a los confines de nuestra interioridad... la música y el actor, una vida pendiendo en busca de su fin.

